La cosa
Era un miércoles soleado de verano. Todavía seguía en el colegio, en 4rto año si mal no recuerdo. Aquel día era un día el cual todos concurrimos con uniforme de gimnasia, pues teníamos esa materia a la mañana. El profesor decidió que practicáramos para un torneo de atletismo al cual había que concurrir el viernes siguiente. Dentro de tantas actividades de poner a prueba el estado físico hubo una de la cual no me olvido: Lanzamiento de bala. No se el porque, pero la decisión que tomo el profesor de que lanzáramos enfrentados fue algo muy extraña e inconsciente, pero nadie en el momento lo pensó. Recuerdo que con un amigo decidimos hacer lo que se nos pidió. Lanzaba el luego yo, luego el, luego yo y así sucesivamente. Nunca hubo peligro de nada hasta que en un momento vi una piedra que molestaba mucho al lado mío y decidí agacharme y agarrarla para quitarla, enseguida a agacharme siento un golpe en el piso detrás mío, y un intento de grito desesperado de mi amigo que se trababa tras la impotencia de no poder hacer nada. La bala de unos cuantos kilos paso por encima de mi cabeza al agacharme. Lo que pudo haber sido una completa tragedia hoy me sigue dejando sorprendido y agradecido a una simple piedra.
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